DE LA PERTINENCIA DEL TIEMPO
El tiempo, aunque invisible, intangible, incoloro, inodoro, imperceptible a nuestros sentidos, contiene en sí mismo todo lo que existe, ha existido y existirá. Todo se manifiesta, nace, se crea, se destruye, muere para volver a nacer a morir a existir... transformándose una y otra vez de lo sutil a lo denso, de lo denso a lo sutil. Y aunque desde nuestra mente humana hemos creado medidas para comprenderlo, percibirlo; el tiempo no posee ni horas, ni minutos, ni segundos, ni años, ni meses, ni días. El simplemente es un campo mórfico trans infinito y eterno de evolución, el cual contiene en sí mismo todo el conocimiento y sabiduría universal. El tiempo es la omnipresencia de Dios. Por eso se manifiesta sereno y tranquilo. Pero veraz y agudo en sus momentos y sucesos, inclemente porque nunca cesa, pero bondadoso porque sus oportunidades son infinitas. El tiempo contiene en sí mismo la perfección e imperfección del unive...